María Henríquez

Michael Odent dice que los niños que nacen sin intervención clínica desarrollan lo que él llama “las hormonas del amor”. Yo añadiría metafóricamente que la madre genera “la hormona de la confianza” porque para parir en casa hay que confiar en quienes te acompañan en el ese trabajo único e irrepetible, en una misma y en el bebé que también va a luchar por venir.

María Henríquez

Azul transparente de mar cubano
que me mece en el recuerdo de un viaje
de hija única,
de madre única, de una Habana única e inolvidable.

María Henríquez

La niña observaba el tiempo lento de la gota que caía sobre el helecho. Le fascinaba la cadencia con la que el agua había medido su propia existencia. Parecía que había decidido destilarse eternamente a través de su propio destello. A la niña que continuaba penada en el escalón de piedra del jardín la imagen de la gota que caía le había absorbido la atención por completo. Sostenía una galleta, reblandecida ya, en la mano derecha. Le sorprendía el agua paciente que caía con la lentitud de su hora de castigo.

cajitas de posibilidades